ARTE BAJO CERO  20.01.17, 15.21
Inicio | Contacto | Registrarse | Entrada
Buscar en el sitio

Notas

Lectores

[Libros]
En busca del espectador emancipado 

[Literatura]
Loco por ser salvado 

[Textos]
El fluir de una palabra: una breve disertación derridiana 

[Textos]
No querer ser gobernados así: la relación entre ira y crítica 

[Textos]
¿Pesimismo del intelecto, optimismo del General Intellect? 

Letras

Fotólia

Video
00:00:48

Ariston Aqualtis

  • Vistas:
  • Total de comentarios: 0
  • Valoración: 0.0
00:01:30

Sampled Room

  • Vistas:
  • Total de comentarios: 0
  • Valoración: 0.0
00:01:20

405nm laser fade out test 2 (Daito Manabe + Motoi Ishibashi)

  • Vistas:
  • Total de comentarios: 0
  • Valoración: 0.0

!Noticias!

Visitas

Inicio » Artículos » Literatura

La escritura impertinente II Parte.
 II parte
La escritura impertinente


por Alexis Grohmann
Ínsula nº 703-704







Estas razones hacen que las colaboraciones periodísticas de escritores se recojan también a menudo en forma de libro, además de constituir un rendimiento económico suplementario, un desafío al olvido o un reflejo de la vanidad del escritor o de la presión por parte de editoriales para que el autor mantenga cierta presencia en el mercado del libro. Este es un fenómeno particularmente significativo a partir de los años noventa del siglo recién concluido, cuando surgen en España colecciones específicas, tales como la serie «El viaje interior» de El País /Aguilar o la de «Textos de escritor» de Alfaguara, consagradas a recopilar en forma de libro las columnas, los artículos, los ensayos u otras colaboraciones periódicas de escritores en la prensa o en revistas (novelistas). De hecho, puede que la existencia de tales series se deba no sólo a razones comerciales sino también a «la superstición de las páginas encuadernadas, el considerar al libro como único soporte literario», lo que según Seoane ha hecho que «hasta época relativamente reciente, las historias de la literatura no se ocuparan de la prensa, pese a que en periódicos y revistas se han gestado todos los movimientos literarios contemporáneos, y han visto por primera vez la luz muchas obras antes de convertirse en libro. En el contexto del periódico cobran su pleno sentido» [ 27 ] . Gutiérrez Carbajo confirma que la tendencia a considerar el libro «como único testimonio de una época o de un acontecimiento nos ha privado generalmente de muy sabrosos complementos en las historias literarias» [ 28 ] . Las recopilaciones de columnas en forma de libro obedecen también a este deseo de hacer ver que el columnismo forma parte integrante de la obra literaria del autor. Amando de Miguel arguye que una historia de la literatura del último siglo no se puede recomponer sin tener en cuenta las colaboraciones periodísticas y, de hecho, según Vázquez Montalbán, en sus últimos años, José María Valverde, que falleció en 1996, había llegado a sostener que «la literatura española contemporánea había que buscarla entre los columnistas de los diarios más solventes», un tópico bastante extendido hoy día y una notable exageración, aunque sí resalta la importancia del columnismo en el presente panorama literario [ 29 ] .
Sea como fuere, la colaboración periodística de muchos escritores constituye -desde por lo menos el siglo XIX- una faceta de su producción que puede ayudar a entender el conjunto o aspectos de su trayectoria literaria (además de la personal), su pensamiento literario e incluso puede constituir una veta principal de su creación. Es posible que la generalizada colaboración del escritor en la prensa sea un indicio de la creciente profesionalización de los escritores y de la madurez de la sociedad literaria o de la comercialización del mercado de las letras, pero de lo que espero que no quepa duda, si se tiene en cuenta el marco que he intentado esbozar, es la importancia que la columna ha alcanzado, especialmente desde finales del siglo XX, y que, por todo lo expuesto, es un género digno de más atención de la que ha granjeado hasta ahora.
Naturaleza y exergo de la columna de escritores
Desde un punto de vista de su formato, en todo lo que atañe a aspectos formales de su presentación, apariencia y diseño, es decir, todo menos su contenido, es relativamente sencillo definir la columna de escritores: es un texto que se publica con una periodicidad fija (diaria o semanal, en la mayoría de los casos); tiene siempre la misma extensión (es un apartado que puede consistir en una o más columnas tipográficas -el término genérico «columna» tiene por lo tanto un sentido metonímico-, pero cualquiera que sea su extensión concreta, ésta puede variar sólo muy poco o prácticamente nada en el número de palabras); ocupa un lugar y espacio determinados y normalmente invariables dentro del periódico (o suplemento de periódico) en que se publica; tiene una presentación tipográfica destacada (se la suele aislar con recuadros, filetes, corondeles u otros procedimientos del resto del contenido de la página o del periódico si ocupa una página entera); muy a menudo va encabezada también por un título general (además del concreto que suelen tener las columnas más largas, como las de los suplementos), y no sólo viene siempre acompañada por la firma del autor que la redacta sino, en muchos casos, también por su foto (elementos que no distan mucho de representar algo así como la marca comercial a que me referí arriba). Como mantiene Hennessy, este formato especial de la columna en el periódico «triggers off the right mood of expectancy in the readers» y, aparte de crear ese aire de expectación, sirve para llamar la atención del lector [ 30 ] .
Este modo de delimitar la modalidad de la columna de escritores es por tanto mediante su paratexto o exergo: los únicos elementos que yo he aducido hasta ahora para definir la columna, es decir, periodicidad y extensión fijas, lugar determinado, presentación tipográfica destacada, título general y firma, son todos atributos que se sitúan en el exergo y no forman parte del texto de la columna misma. A modo de ilustración podemos recurrir a la metáfora de la caja vacía empleada por Rafael Sánchez Ferlosio en su discusión de recipientes que requieren la producción de algo que les llene ya que «vivimos en un mundo en que no son las cosas las que necesitan cajas, sino las cajas las que se anticipan a urgir la producción de cosas que las llenen», lo que explica el imperativo del periódico de llenar cada día de la semana un espacio predeterminado, dado que no es la cantidad de noticias lo que determina su extensión [ 31 ] . El periódico es por lo tanto una caja vacía que hay que llenar a diario y yo añadiría que la columna es una minicaja (también vacía en un principio, pero de cuyo llenado son responsables otros) dentro de ésta.
Esta lógica de las cajas (o de la intransitividad) rige tanto la producción del periódico como la de la columna -de qué, si no, es prueba la manera de proceder de los columnistas, que están en permanente búsqueda de temas para sus columnas y no saben a veces sobre qué escribir o temen la página en blanco-. La columna precisa de mucha disciplina e inventiva precisamente porque se tiene que llenar un espacio concreto con regularidad; «it requires much discipline and often much ingenuity: finding something new to write about regularly because you have a space to fill can become burdensome. You can run out of steam» [ 32 ] .


La importancia capital del paratexto no me parece tan sorprendente si se tiene en cuenta que todos los textos dependen en gran o exclusiva medida del exergo para indicar cómo deben ser leídos y a qué género pertenecen; todos los textos, especialmente los literarios, precisan del exergo, no se pueden definir en su esencia porque no la tienen o no tienen una esencia que baste por sí misma para definir su género, o no de manera inequívoca. Eso explicaría también por qué muchas columnas se leen de manera distinta si son sacadas de su contexto inicial del periódico, despojadas así de gran parte de su exergo original e incluidas dentro de otro marco; la columna se puede convertir (se convierte en muchos casos) en un texto con otro género, en cuento, artículo de opinión, ensayo, crónica, fragmento de novela, por ejemplo, precisamente porque su parafernalia paratextual de columna se cambia por un exergo distinto. Esto ocurre, por ejemplo, en el caso de Gabriel García Márquez, como demuestra Maarten Steenmeijer en su trabajo de este número monográfico, y este es el caso también, por traer a colación otro ejemplo interesante que menciona Valls en su discusión de un caso afín, de un cuento de Javier Marías titulado «El viaje de Isaac» que relata la historia de una maldición familiar que en la colección de cuentos en que se recoge se lee como ficción, mientras que cuando se publica en versión de columna más tarde, «Una maldición», se toma como verdad y cuando se incluye en Negra espalda del tiempo , también, aunque sea rodeada por más indeterminación en esta «falsa novela» que en el caso de la columna [ 33 ] . «Es una muestra de cómo las mismas páginas pueden no ser las mismas», por decirlo en palabras del propio Marías al referirse a otro ejemplo del mismo proceso, de cómo incide de manera determinante el exergo en la recepción de un texto (un ejemplo destacado de la importancia del exergo es su novela Todas las almas y su paratexto, algo que he analizado en otro lugar); este fenómeno no es nada nuevo y es una de las maneras en que el periodismo se convierte automáticamente en literatura como por arte de magia, sin que se produzca ningún cambio en su contenido [ 34 ] .
De ahí que no sea sorprendente que sea bastante extendida la noción que una característica incontrovertible del texto en sí de la columna de escritores es que carece de características unificadoras. Desde el punto de vista del Periodismo y las Ciencias de la Información la columna se suele agrupar con los géneros de «opinión», junto con el editorial o el artículo (los otros dos grupos son los de información e interpretación) [ 35 ][ 36 ] . La libertad temática está levemente condicionada por el hecho de que las columnas de escritores suelen establecer cierta conexión con la actualidad (en muchos casos muy tenue, si no inexistente, y con la función de servir como pretexto y punto de arranque del texto), porque forman parte de la prensa, actualidad que, eso sí, es entendida en sentido amplio. Y esa libertad u holgura es en parte resultado del hecho de que al escritorcolumnista no se le suele conferir encargo concreto ninguno (y esa es la diferencia principal entre el columnistaescritor y el columnista especializado en un campo, como deportes, política, economía, cine, etc., que obviamente se tiene que ocupar de algo relevante al área en cuestión). El escritor en cuanto columnista es un «francotirador por su exclusiva cuenta y riesgo» que dispone de «un cheque en blanco» y «de un espacio para escribir como le dé la gana» y de lo que le dé la gana [ 37 ] . Juan Gutiérrez Palacio matiza esta libertad del columnista: «Hoy se reconoce la libertad del columnista para escribir lo que quiera, bajo su nombre, pero también la del director para suprimir, censurar o quitar, cuando estima que es el caso de hacerlo» [ 38 ] . Esta puntualización es importante, porque no se debe olvidar que sigue habiendo casos de censura, a pesar de la libertad de que gozan en un principio los columnistas. El caso más reciente y flagrante es de una columna censurada de Javier Marías que nunca llegó a publicarse donde estaba destinada [ 39 ] . Asimismo, aparte de ese inquietante caso de censura por parte de la dirección de un periódico, los escritores columnistas se ven a menudo sometidos a demandas judiciales, como les ha ocurrido a Juan José Millás y Vicente Molina Foix, por ejemplo. Desafortunadamente, este parece ser el riesgo del francotirador y de la libertad que puede ejercer.
Esta libertad -temática, formal, estructural, estilística- que caracteriza la columna de escritores hace de ella un verdadero cajón de sastre. Y en eso tiene algo en común con el género de la novela: tanto la columna como la novela se caracterizan por el hecho de haber usurpado o de valerse de muchos otros géneros en un principio próximos o no tanto. Como ha afirmado López Pan, la historia de la columna ha sido una «de crecimiento continuo y absorción de otros géneros concomitantes» y «algunos tipos de textos periodísticos que durante años se escribían y leían como distintos de la columna (...) acabaron desembocando en la columna» [ 40 ] . Yo añadiría que la columna de escritores se apropia o se sirve además de géneros literarios y no sólo periodísticos. Y esto es así en gran medida porque los escritores le infunden a su columnismo procedimientos propios de otros géneros. Este hecho no me parece casual sino más bien un indicio de que se trata de un género que, como la novela, tiene bastante vigencia. De ahí que la columna de escritor se considere a menudo como crónica, diario (dietario), ensayo, folletín, cuento o relato (o «relato real»), aparte de artículo o artículo literario, bajo cuyo abrigo se encuentra siempre. Esta hibridez de la columna de escritores y su relativa indefinición, no sólo forma parte del fenómeno contemporáneo de la disolución de los límites entre diferentes géneros literarios, sino que contribuye a configurar un género nuevo. Yo creo que lo que en este trabajo he denominado la «columna de escritores» es precisamente esto: un género esencialmente nuevo que se cristaliza en los años noventa.
. Pero todos están de acuerdo en que la columna, especialmente la que es cultivada por escritores, goza de una absoluta libertad temática y formal y que la caracteriza la diversidad de contenidos


Ahora bien, la columna de escritores me parece que sí tiene una característica esencial que queda patente en prácticamente todos los trabajos de este número monográfico. Lo que la suele caracterizar es la primacía del estilo y la forma, lo que se ha llamado «la voluntad de estilo», su confección literaria, esa infusión de procedimientos literarios de que hablé arriba, el cuidado de la forma, algo que a veces obedece al propósito de reintroducir la literatura en la prensa diaria (un propósito sólo alcanzable siempre que no se haga alarde o gala de ese estilo). Y esta primacía que se concede al estilo condiciona una serie de elementos clave. Así, las columnas de escritores configuran un «yo» autorial ficcionalizado, un columnista que es narrador y se convierte también en personaje (un sujeto que es también objeto). Este «yo» que se configura en las columnas es una máscara. Dicho de modo sencillo: el «yo» de la columna es su narrador y por lo tanto no debe confundirse con su autor, una de las reglas principales cuando se lee una novela o un cuento e igualmente importante en el caso de la columna dada la primacía del estilo y la de su forma y retórica: el narrador de la columna, como el de una novela, es una invención. En palabras de Javier Cercas, que podría suscribir cualquier columnistaescritor, es un «yo que soy yo y no soy yo al mismo tiempo» [ 41 ] . Esta máscara es pareja a lo que López Pan considera el ethos del columnismo: la presencia de una imagen, un talante, una impronta del autor en su texto, resultante de su manera de ser, de su carácter moral, sus valores e intenciones que se perfilan con forma y estilo propios. De hecho, para López Pan el ethos es no sólo el principal recurso retórico de la columna y un elemento configurador y característico sino la clave misma para entenderla, ya que es en el ethos donde están anclados estilo, temas, ideas.
Esta máscara o ethos llegan a convertir a menudo en caricatura al propio autor, como resultado directo de la voluntad de estilo y los recursos retóricos, a veces de forma indeliberada y otras intencionadamente (como es el caso de los Relatos reales del propio Cercas), y lo mismo ocurre con otros personajes pasados por el filtro del estilo, al aprovecharse del recurso retórico del ridiculum , la parodia, la sátira o el humor, tan predominantes en el columnismo de escritores. El caso reciente más destacado del empleo del ridiculum y de la columna paródica y «bufosatírica» es sin duda el columnismo de Elvira Lindo en su serie titulada «Tinto de verano» y las que escribe de momento desde Nueva York para la sección «Domingo» de El País , en las que no hay personaje que se escape de la caricaturización. De hecho, esta ficcionalización del «yo», la máscara y caricatura concomitantes, pueden llegar a encorsetar al columnista tanto que ya no dispone de la libertad para escribir su columna. A esto alude Antonio Muñoz Molina para explicar el hecho de que ha dejado de escribir columnas cuando dice que le gusta parar porque llega un momento en que se siente «preso de una maquinaria estéril que te lleva a hacer (...) parodia de ti mismo (...) que no seas tú el que escribe el artículo, sino el artículo que te escribe a ti» [ 42 ] .
Los seudónimos de Larra, el desdoblamiento del autor en narrador y personajes extranjeros, el Curioso parlante de Mesonero Romanos, como los de los otros costumbristas, sus «tipos» más o menos inventados pero con bases reales o las fórmulas de máscaras, seudónimos y personajes ficticios de que se valen en Inglaterra un siglo antes Sir Richard Steele y Joseph Addison en sus artículos y ensayos para The Tatler y The Spectator y el relacionado recurso de la caricatura muy extendido en ambos siglos, no son sólo un temprano reconocimiento de la ficcionalización a que se somete el «yo» autorial y la realidad en general en los artículos sino antecedentes directos de lo que ocurre en el columnismo de escritores contemporáneos mediante la primacía otorgada al cómo sobre el qué se comunica. «The exaggeration is not to be taken at face value, and there is not a deliberate attempt to betray the facts or mislead the reader» [ 43 ] . El sometimiento de elementos provenientes de la realidad a un considerable tratamiento estilístico en el columnismo de escritores subraya la importancia del estilo [ 44 ] .
La columna de escritores es por lo tanto más que un mero «género de opinión» o de «periodismo de opinión» (que es la forma en que se encara y se clasifica tradicionalmente desde el punto de vista del Periodismo y las Ciencias de la Información), por más que tenga la apariencia de serlo o por mucho que aparezca a veces entre las páginas de opinión de los periódicos. Es un artificio mucho más sutil, complejo e incierto que la simple expresión de opiniones, por muchas que contenga a veces. Trasciende lo meramente opinativo. No suele tener una finalidad pragmáticoretórica o persuasiva, y muy a menudo solamente la aparenta. Como los otros géneros literarios que cultiva el escritor, sus novelas o cuentos, una lograda columna es un producto de la creatividad estética, mediante la cual la imaginación creativa presenta ideas que no son meras tesis o mensajes sino ideas estéticas, ideas que pertenecen al ámbito de una obra que tiene su propia ontología.
El caso del columnismo de escritores y la importancia del estilo en concreto demuestran que no hay que cometer «la simpleza de creer que todo lo que aparece en el periódico es periodismo», como apunta Octavio Aguilera [ 45 ] . El columnismo de escritores es una escritura impertinente, en el sentido de que en un principio contrasta con el discurso periodístico, no parece venir al caso en un diario y que por tanto puede ser molesto (por su disconformidad genérica, además de la frecuente incomodidad que tono y comentarios críticos pueden provocar). Una lograda columna de escritor o escritora es prueba de su esfuerzo, generalizado a todos los géneros literarios que cultiva, por dar a lo que se comunica un valor permanente que mantenga el interés del lector una vez que lo que se comunica haya perdido actualidad. La destreza del escritor puede dotar de interés a cualquier asunto. El (buen) escritor, por su mera formación, sabe que el interés de lo que escribe no radica en la información que comunica sino más bien «en aquel estilo que haga permanentemente interesante un conocimiento que ha dejado de tener actualidad», por valerme de la explicación de Juan Benet de la importancia del estilo [ 46 ] . La actualidad del comentario del columnista es lo que menos interesa, si no es completamente irrelevante; lo que de verdad importa en última instancia es el tratamiento a que se somete cualquier material; esto es lo que conseguirá seducir al lector a largo plazo y en este aspecto estriba su esencia, como ilustra lúcidamente Benet:
«Un día el público, acostumbrado a distraerse con las páginas periódicas de su articulista favorito, descubre que lo último que le importa es la actualidad del comentario y lo único que exige, seducido por las gracias y donaire de un estilo que sabe paladear, es la continuidad del alimento» [ 47 ] .




NOTAS
  • [ 27 ] María Cruz Seoane, «El periodismo como género literario�», loc. cit., p. 23. De todos modos, este fenómeno de recopilaciones en forma de libro de las colaboraciones periodísticas de escritores no es nuevo puesto que se da ya en el siglo xix.
  • [ 28 ] Juan Gutiérrez Carbajo (ed.), Artículos periodísticos (1900-1998), Madrid, Castalia, 1999, pp. 25-26.
  • [ 29 ] Amando de Miguel, Sociología de las páginas de opinión, Barcelona, A. T. E., 1982, p. 15, y Manuel Vázquez Montalbán, «Prólogo», en Albert Chillón, Literatura y periodismo, op. cit., pp. 11-13; esp. p. 11.
  • [ 30 ] Brendan Hennessy, Writing Feature Articles, op. cit., p. 231.
  • [ 31 ] Rafael Sánchez Ferlosio, «Las cajas vacías», en El alma y la vergüenza, Barcelona, Destino, 2000, pp. 61-73.
  • [ 32 ] Brendan Hennessy, Writing Feature Articles, op. cit., p. 228. Asimismo, yo creo que, hasta cierto punto, para muchos escritores, la escritura de novelas es determinada o dictada por tamañas ataduras, está sujeta a la misma lógica, o sea, la novela misma existe en un inicio como caja vacía que necesita ser llenada.
  • [ 33 ] Fernando Valls, «�Lo que dijo el mayordomo�, de Javier Marías, o la disolución de los géneros literarios narrativos», en Mestizaje y disolución de géneros�, ed. cit., pp. 168-173; Javier Marías, «El viaje de Isaac», en Mientras ellas duermen, Barcelona, Anagrama, 1990, pp. 107-113, «Una maldición», en Mano de sombra, Madrid, Alfaguara, 1997, y Negra espalda del tiempo, Madrid, Alfaguara, 1998.
  • [ 34 ] Javier Marías, «Nota previa», en Cuando fui mortal, Madrid, Alfaguara, 1996, pp. 9-13; esp. p. 11. Hablando por ejemplo del articulismo del escritor inglés Walter Pater en la segunda mitad del siglo xix, la mayoría de cuyos libros «literarios» consisten en artículos periodísticos, Laurel Brake afirma que el cambio de formato (o sea, de exergo o «caja») es lo que ocasiona el cambio genérico: «The transfer of format from periodical to book �a difference of cultural �manufacture�� was the means by which Pater�s journalism became literature, and ephemera permanent» («�The Profession of Letters�: Walter Pater and Greek Studies», en Journalism, Literature and Modernity: From Hazlitt to Modernism, ed. de Kate Campbell, Edimburgo, Edinburgh University Press, 2000, pp. 121-140; esp. p. 121). Sobre la importancia del exergo en el caso de la novela de Marías, vid. Alexis Grohmann, Coming into one�s Own: The Novelistic Development of Javier Marías, Ámsterdam, Rodopi, 2002, y «Reading the Exergue: Todas las almas by Javier Marías � Autobiographical Writing or Fiction?», Bulletin of Spanish Studies, vol. LXXX, núm. 1 (2003), pp. 55-79.
  • [ 35 ] Luisa Santamaría, siguiendo las pautas de Martínez Albertos, distingue entre tres actitudes ante la noticia: la informativa (cuyos géneros serían la noticia y el reportaje objetivo), la interpretativa (crónica y reportaje en profundidad) y la opinativa (artículo editorial, suelto, columna o crítica; El comentario periodístico, op. cit., p. 21).
  • [ 36 ] Consúltese, a modo de ejemplo (hay muchos más), lo que afirma Gutiérrez Palacio al respecto: «Las colaboraciones de los columnistas pueden ser de tono serio o ligero, formal o informal, objetivo o subjetivo, basados en los hechos o en la fantasía. El columnista puede romper lanzas con enemigos reales o imaginarios. O puede escribir para diversión propia y de sus lectores (�). El estilo de los columnistas puede ser narrativo, descriptivo, explicativo, interpretativo, argumentativo, o una combinación de dos o más de ellos. Las columnas pueden escribirse como cuentos cortos, informaciones de suplemento, editoriales o ensayos» ( Periodismo de opinión, op. cit., pp. 172-173).
  • [ 37 ] Bartolomé Mostaza (citado por López Pan, «La columna como género periodístico», loc. cit., p. 13), Santamaría ( El comentario periodístico, op. cit., pp. 122-123) y López Pan ( ibíd., p. 21), respectivamente. La expresión «cheque en blanco» es de Martínez Albertos.
  • [ 38 ] Periodismo de opinión, op. cit., p. 181.
  • [ 39 ] Vid. Javier Marías, Harán de mí un criminal, Madrid, Alfaguara, 2003.
  • [ 40 ] «La columna como género periodístico», loc. cit., p. 12.
  • [ 41 ] «Prólogo», en Relatos reales, Barcelona, El Acantilado, 2000, pp. 7-18; esp. p. 8.
  • [ 42 ] «Muñoz Molina considera que sus artículos son una �invención curiosa de la realidad�», El País, 20 de diciembre de 2002.
  • [ 43 ] Brendan Hennessy, Writing Feature Articles, op. cit., p. 242.
  • [ 44 ] Las parodias de distintos columnistas que lleva a cabo Sergi Pàmies en agosto de 2001 para El País ilustran bien esta primacía del estilo en el columnismo de escritores: lo que le permite a Pàmies escribir imitativa y paródicamente «a la manera de» es principal y precisamente el estilo de cada uno de los escritores columnistas caricaturizados.
  • [ 45 ] La literatura en el periodismo y otros estudios en torno a la libertad y el mensaje informativo, Madrid, Paraninfo, 1992, p. 30.
  • [ 46 ] La inspiración y el estilo, Barcelona, Seix Barral, pp. 135 y 137-138.
  • [ 47 ] Ibíd., pp. 139-140.




Categoría: Literatura | Ha añadido: esquimal (11.04.07)
Visiones: 534 | Tags: Literatura | Ranking: 0.0/0

comments powered by Disqus
Información | Contacto Copyright © 2020